UNA VIDA DE BOLSILLO

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Érase una vez un niño que soñaba constantemente. Al principio, comenzó soñando todas las noches, y lo más mágico era que cada mañana, al entreabrir sus ojos, comenzaba a rememorar todo lo soñado, imaginando cada textura, cada color, olores, miradas, vida… como si de una película se tratara, muchas veces el protagonista era él mismo, otras veces simplemente imaginaba historias de vidas entrelazadas entre sí. 

Este niño un día creció y cambiaron muchas cosas en su vida, comenzó a tener responsabilidades, entendió la importancia de la mente y la conexión inevitable que tiene con el cuerpo, ……. pero  lo más importante es que continuó soñando, todas y cada una de las noches, pero a diferencia de cuando era un niño, consiguió llevar ese don a otro nivel, uno mucho más controlado y tangible, comenzó a soñar despierto, caminando por la calle o sentado en un vagón de tren, solo con cerrar los ojos, era capaz de ver historias, tan reales como que ahora mismo lo está volviendo a hacer. 

Una vida de bolsillo no es más que eso, historias de un niño que fue creciendo como cualquier otro, un niño que escribía y no porque se lo pidieran en la escuela, un adolescente que imaginaba una vida llena de equilibrio (o como me gusta llamarlo ahora: simetría), un adulto que todavía a día de hoy sigue aprendiendo por medio de ese niño que un día le enseñó a soñar.

Bienvenidos a Una vida de bolsillo, un mundo mágico en el que lo único que tendréis que hacer es abrir y cerrar los ojos cuando creáis conveniente. Pues, al igual que en la vida, si sabemos hacerlo adecuadamente, al menos por un instante, nos sentiremos libres. 

Eran tantos los momentos vividos, tenía viajes ilimitados para aquella noria, ahora arriba, ahora abajo. Estaba aprendiendo a entender que todo no tiene respuesta, las cosas en ocasiones pasan porque sí, y cada pregunta que nos hacemos, es como una bala directa a la cabeza. 

Entonces, tras escribir una carta y enviarla a las retinas correctas, se volvió a cobijar, mantuvo la compostura de la manera más digna posible, ya que tras tropezar una y otra vez en la misma piedra, continuaba sabiendo que inevitablemente, volvería a pasar.

Y ¡pasó!, a esta vida hemos venido a aprender, en la siguiente espero que a vivir. Nadie nos dijo al nacer que todo lo que nos rodea es como uno de los sueños que tenía de pequeño, como uno de esos en los que todo parece ir bien y de repente, como en los thriller, hay un giro inesperado, o lo que es peor, un final abierto. (Igual de aquí me viene mi pasión por Cristopher Nolan). Mi vida siempre ha estado llena de finales abiertos, de despedidas forzadas y de días de lluvia. Por eso decidí salir de mi, mirar al frente y comenzar a caminar.

De esta manera continué caminando, por senderos, por acantilados y por todos aquellos lugares con suelo firme para hacerlo. Pero mucho más allá, continué caminando por la vida con paso firme y una mochila llena de dolor acumulado. Para salir de ello, busqué de nuevo a aquel niño soñador, sigo sintiendo que lo tengo dentro, que forma parte de mi, o yo de él. Una mañana al despertar hablé con él, tras una conversación intensa, pregunté: ¿cómo puedo vaciar mi mochila? Su contestación me abrió el alma, me dijo que debía recordar cuando jugaba con mis primas al escondite en el campo de mis padres, me dijo que debía de jugar y ganar, y cuando tocara la pared, como siempre hacía (porque soy mayor que ellas y corría más) gritar a los cuatro vientos:

Y de esa manera me deshice de la mochila, me sentí realmente aliviado y ligero. A veces necesitamos volver a ser niños para ver las cosas con perspectiva, a veces necesitamos ver las cosas con perspectiva para recordar cómo éramos de niños. 

Siempre he amado viajar, me gusta hacerlo acompañado pero disfruto mucho más al hacerlo solo, quizá soy un yonki de la soledad. No lo sé. Pero pienso que toda persona debe de aprender a disfrutar del silencio y canalizarlo hacia dentro, pienso que solamente nos conocemos de verdad cuando entendemos que la soledad no es estar solo. Y cuando aprendemos que si las cosas pequeñas son las más importantes en nuestra vida, quizá sea porque en el fondo no son tan pequeñas. 

Un día tuve un sueño de esos que recuerdo fielmente, estaba rodeado de gente pero me sentía muy solo, como si el tiempo fuera al revés, como si las personas no tuvieran sentimientos.

Y así, susurrando, volví cerca de casa, quería sentir la brisa del mar de nuevo rozando mi piel, salando mi cara, volví a ver el amanecer sintiéndome cerca de los míos, ellos siempre están pero no estarán para siempre. Ni yo.

Llegado a este punto me pregunto, ¿y qué será de nosotros? vivimos muchas veces anclados en recuerdos que no nos hacen bien, pero forman parte de nuestro presente y futuro. Llegó un día que decidí volver a partir, seguir sumando experiencias de las que te hacen crecer, de esas que te cambian la vida y mantienen el fuego vivo. Seguí adelante y no me detuve.

Desaparecemos y volvemos a aparecer………


CONTINUARÁ

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